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Coleccionismo de Artes Visuales

Coleccionismo de Artes Visuales

Por: Arq. Flérida González

Entre las diversas modalidades de coleccionar, la colección de arte, la más antigua ha existido desde las primeras civilizaciones,  y Grecia cuna de la civilización occidental se erigió como su fundadora, aunque hay que considerar que distintos historiadores se lo han atribuido al antiguo oriente.

Indudablemente una de las épocas de su mayor florecimiento fue durante el Renacimiento, en parte por la labor de mecenazgo de las familias florentinas y romanas, Médici y Borgias y también por la aparición de la burguesía que eran los que mayor poder adquisitivo tenían para invertir en  obras.

Según ha pasado el tiempo el coleccionismo de arte ha ido mutando. Antes del siglo XVIII las colecciones de arte se originaron a partir de colecciones privadas de la realeza, la aristocracia o el orden eclesiástico, sin embargo, hoy día no tenemos que pertenecer a ningunos de éstos estamentos para tener una buena colección, basta con que nos guste el arte.

En el pasado se coleccionaba como dice la historiadora de arte, galerista, y coleccionista Katharine Kuh en su libro “Mi historia de amor con el arte moderno” por razones obvias: “amor al arte, reconocimiento social y cívico, e incluso, ocasionalmente, la búsqueda de beneficios económicos”.

Pero hoy la realidad y la sociedad es otra, y aunque siguen existiendo coleccionistas apasionados cuya única motivación es caminar…buscar…y encontrar ese placer estético que le produce la obra, tejiendo con ellas  unos recuerdos.. una  historia, la gran mayoría se mueve por el valor de la inversión y la plusvalía de la obra en el tiempo; el coleccionista Juan José Mesa cuando en respuesta al crítico de arte Amable López Meléndez ¿Por qué se colecciona? en el conversatorio titulado: ¿Qué determina el precio de una obra de arte? celebrado en el 2012 en la galería Mesa Fine Art, así lo confirma: “hay que desmitificar el hecho de que al comprar arte, pesa más la pasión que la razón.

Hoy se requiere ser práctico, ya que los coleccionistas necesitan también estar bien informados y considerar en que consiste realmente el elemento de la inversión”. En éste mismo orden el coleccionista latinoamericano con obras de Damien Hirts y Jeff Koons, Eugenio López, en entrevista con Forbes México respondió: “no puedes quitarle el valor monetario a una obra, ya que sin este no vive la galería ni el curador, y no trasciende el arte”.

Ahora bien, ¿Qué coleccionamos en estos momentos en el mundo del arte? Debería de ser  arte contemporáneo (Video, Instalación y Performes).

Asumiendo las palabras de  Katharine Kuh: “cada período deja su impronta particular en la historia del arte”; nuestros coleccionistas deberían comprar  fundamentalmente nuevos talentos y nuevas expresiones artísticas, con la ventaja de que sus precios serán mucho más asequibles que los  artistas consagrados; aunque comprendo que la adquisición de obras de  arte contemporáneo resulta un desafío para museos y  mucho más para coleccionistas privados por el espacio expositivo que demandan las nuevas expresiones artísticas, agregándole a ello lo confuso e incomprensible que resulta éste arte para muchos coleccionistas; y recordamos que cada nuevo estilo o movimiento en la historia del arte ha significado la negación a lo anterior y la confrontación en términos dialécticos.

Lamentablemente en la medida en que los seres humanos nos hemos ido individualizando, las donaciones de colecciones privadas a museos nacionales han ido disminuyendo. Ahora Los coleccionistas privados crean sus propios espacios expositivos, diferente al continente europeo donde sigue primando el museo público, de éste lado del mundo, América, en RD,  destacan los espacios privados:

Museo Bellapart, Centro Cultural Perelló, Centro Cultural Eduardo León Jiménez, Centro Cultural Mirador. Los restantes coleccionistas mantienen sus obras en la discreción; y espanta  que muchas de esas colecciones privadas que contienen un gran patrimonio de nuestra cultura visual puedan desaparecer en el tiempo al no estar bien asesorados sus poseedores de como  preservar y conservar sus obras.

Meses atrás,  transitando por la Zona Colonial con un amigo, de manera espontánea visitamos a uno de esos coleccionistas de la periferia, y fue para nuestra sorpresa ver en esa residencia una gran cantidad de obras de Clara Ledesma, Eligio Pichardo, Hernández Ortega y Paul Giudicelli, obras que nunca han sido expuestas en una sala museística, en condiciones deplorables, expuestas a la humedad, a la luz y hasta a la intemperie.

Urge por lo tanto, motivar  a coleccionistas privados acercarse a instituciones competentes, a historiadores del arte, a restauradores, buscar una orientación de   cómo cuidar ese gran amasijo cultural como son la mayoría de esas colecciones y darle el sentido que corresponde: el derecho que tenemos todos de conocer el paso de la historia a través del arte y garantizar su preservación para la posteridad.

 

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